martes, 27 de septiembre de 2011

Vlad Tepes "El Empalador": La verdadera historia de Drácula

El nombre Drácula evoca una avalancha de imágenes oscuras en nuestra mente, películas de horror de vampiros y de cazadores de vampiros, fortalezas oscuras en Rumania y líderes tiránicos capaces de todo tipo de actos malvados. Aquí hallaran información del Drácula en el que se inspiraron Bram Stoker y Jeanne Kalogridis para escribir sus libros: El Príncipe Vlad Tepes, nacido en 1431, y muerto en 1476, señor de las tierras hoy conocidas como Rumania.

Esta sección le debe mucho a los investigadores de Drácula, Radu Florescu y Raymond McNally, cuyos fantásticos libros "En busca de Drácula" y "Dracula, el principe con varios rostros", son los recursos principales en las novelas de la Familia Dracula.

Vlad Tepes nació en la ciudad de Sighisoara en Transylvania, actualmente la región norte de Rumania en 1431 y después llegó a gobernar el área del sur de Rumania conocida como Wallachia. La palabra "tepes" en rumano significa "empalador" y Vlad era un sobrenombre que recibió por la forma de castigar y empalar a sus enemigos. El empalamiento era una singular forma de ejecución que en la que la víctima moría empalada entre las piernas, clavada en una larga estaca de madera. Vlad especialmente disfutaba con las ejecuciones en masa, donde algunas victimas eran empaladas en el acto y se mantenian en la parte superior de la estaca. Quedaban suspendidos en la parte superior y el peso de sus cuerpos los arrastraba poco a poco hacia abajo, causando un horrible final al destruir todos sus órganos internos. Para disfrutar más estos espectáculos, Vlad ordenaba un banquete junto a sus víctimas y disfrutaba de una suculenta cena escuchando los gemidos y sonidos que emitían los moribundos.

En adicción a su título de "Empalador", Vlad fue conocido como Drácula que significa "hijo del dragón". Originalmente este título se lo otorgaron por causa de su padre que pertenecía a la Orden del Dragón, una orden religiosa formada por el Emperador Rumano Segismundo para defenderse de los turcos. El viejo Vlad usaba el símbolo del dragón en sus monedas y utilizaba el nombre Dracul, un diminutivo del nombre de su hijo. A medida que se conocía el talento del joven Vlad para torturar el nombre de Drácula llegó a ser interpretado como el siniestro "hijo del diablo".

Al mismo tiempo que Vlad se hizo famoso por su sadismo, era respetado por sus ciudadanos por su fiereza contra los turcos. Era respetado como guerrero y gobernante que no toleraba el crimen entre su gente, y durante su reinado erigió grandes monasterios. A pesar de la poca ambición política de Vlad, la turbulenta atmósfera política de la época llegó a su reino. Fue desterrado dos veces de su tierra, por un breve período en 1448, de nuevo de 1456 a 1462 y un par de semanas en el año de su muerte 1476.

Finalmente, Drácula murió violentamente a manos de un espía turco. Fue enterrado en uno de los monasterios que empadronó en la isla de Snagov.

En contra de la creencia popular, el castillo de Drácula no existe en Transylvania, las ruinas todavía permanecen en el norte de Wallachian ciudad de Tirgoviste.

La tumba de Vlad el Empalador se encuentra el pie de su castillo y está vacía nadie sabe quien se llevó su cadaver.


Saludos 
Vicky Noticias

lunes, 12 de septiembre de 2011

Interno 66

Como todos los días, por la mañana me encuentro con varios compañeros de quinto grado para ir caminando hasta la escuela. Carlos, mi compañero de banco, el más alto y corpulento del curso. Tavo, flaquito y pálido, siempre con miedo a todo. Andrés, le decimos el Facha y yo, Martín.

Siempre salimos temprano, para ir charlando tranquilos y siempre pasamos por un lugar maravilloso. En realidad, nunca entramos y desde la calle apenas podemos ver algo. El predio debe ocupar unas dos manzanas.Está rodeado de un paredón altísimo, pero una reja flanquea la entrada. A través de la reja podemos ver estacionados, decenas de colectivos destartalados.

Dice mi papá que cuando los colectivos tienen un accidente o el choque es muy grande, muchas veces no conviene arreglarlos porque es muy caro, entonces los remolcan hasta ese depósito y los usan como repuestos para otros vehículos.
La verdad es que solo vimos entrar o salir a un señor que llega por las mañanas que parece ser el cuidador.

Para nosotros es como un parque de diversiones inaccesible al que miramos con la pretensión de poder ingresar sin pagar entrada. Muchas veces es nuestro tema de conversación. Que por donde se podrá entrar, que qué pasaría si saltáramos la reja, que si el señor lo cuidará día y noche, y así continuamos divagando sobre la posibilidad de introducirnos en el preciado depósito vehicular.

Por la tarde, al volver de la clase de gimnasia, vimos que el cuidador estaba cerrando la reja y luego se iba caminando despacito hacia la parada de colectivos.

Carlos, vio al instante una oportunidad.- ¿Y si entramos? Nos preguntó entusiasmado.

-No, mejor nos vamos, dijo Tavo con esos ojos de cordero miedoso.

-¡Si! ¡Dale, entremos! Se entusiasmó el Facha.

Yo miré el reloj y vi que todavía era temprano. ¡Total! ¿Cuanto tiempo tardaríamos en dar una vuelta?, con una hora alcanza y sobra, pensé.

Carlos ya estaba montado en lo alto de la reja y nos daba una mano para ayudarnos a treparla. Tavo, como siempre, fue el último. Enganchó la pierna en el travesaño y mientras trepaba repetía: -Nos van a agarrar, va a venir la policía, nos van a dar una flor de paliza.

Carlos enojado le gritó-¡O te callas o te vas!

Ya estábamos todos adentro. Era un paraíso. Colectivos de todos los colores y de todas las líneas, acarreando tremendos choques. Algunos hacía rato que estaban allí, por el óxido de los hierros. Otros parecían más recientes. Había varios incendiados.

Nos llamó la atención el interno 24 de la línea 106. Todo el frente y el lateral derecho destrozado. ¿Qué habría pasado? No quedaba una ventanilla sana de ese lado y los asientos, tapizados en cuerina negra, estaban destrozados. El accidente debió ser terrible.

El interno 24 estaba medio inclinado, pero igual entramos a mirar. Todos menos Tavo, que se quedó petrificado en medio del playón.

Una niebla espesa comenzó a descender. ¡Qué humedad!, pensé.

En el interior, encontramos entre los hierros retorcidos de los asientos desencajados, un chupete, un zapato, anteojos rotos, un diario, otro zapato de mujer. Había vidrios del tamaño de la sal gruesa desparramados en el interior. Un escarpín de bebé colgaba del espejo retrovisor del conductor. Pensé que posiblemente eran las pertenencias perdidas de los pasajeros.

Un grito nos sobresaltó. Salimos disparados a la carrera. Era Tavo. -Algo se movió allá atrás. ¡Vayámonos!. Dijo asustado.

Carlos preguntó: -¿Por dónde?

-Atrás del 88. Vi algo que se movió. Me quiero ir.

El Facha, le dijo -Es temprano todavía. -¡Vamos a ver! y salió corriendo hacía el sitio señalado, seguido a corta distancia por Carlos que estaba a sus anchas.

Yo también tenía ganas de ir a investigar pero lo vi tan alterado a Tavo que decidí quedarme un rato con el y ver que pasaba.

Transcurrieron unos minutos y la impaciencia me estaba afectando. ¿Y? Grité con todas mis fuerzas.

-¡Vengan, Vengan! se escuchó la voz de Carlos. Lo agarré del brazo a Tavo y le dije: -Vamos a ver.

-¡No! ¡No quiero! protestó

-!O venís o venís!. Le dije y lo arrastré contra su voluntad.

Había un colectivo en perfectas condiciones. El interno 66 de la línea 60. Carlos y el Facha se habían acomodado en su interior. Carlos estaba sentado al volante cual conductor profesional. Subimos y nos sentamos en los primeros asientos. Todos reíamos divertidos. Hasta Tavo parecía contento con el descubrimiento..

De repente se cerraron las puertas automáticamente.

-¿Qué tocaste? Le grité

-¡Nada! ¡No toqué nada!!Te lo juro!

De pronto se encendieron las luces. -¡Algo tocaste! Le dijo el Facha.

Carlos sorprendido gritó : -¡Te juró que no! Y como un resorte saltó de la butaca del conductor para sentarse junto a nosotros, en los asientos de pasajeros.

Nos miramos todos extrañados. Tavo comenzó a transpirar de los nervios y a restregarse las manos.

No habíamos salido de nuestro asombro cuando el motor comenzó a rugir. La palanca de cambios se movió como por arte de magia y el colectivo comenzó a avanzar lentamente por el playón, conducido por quién sabe quién. El chofer fantasma puso segunda y avanzó a mayor velocidad. Luego tercera y finalmente pasó en pocos segundos a cuarta.

El colectivo avanzaba por el playón, rodeando otro grupo de vehículos estacionados en el centro del mismo a gran velocidad. Teníamos que sujetarnos fuertemente de los asientos para no caernos.

Tavo lloraba y gritaba sin parar. Pronto los cuatro acompañamos sus gritos a coro. A nuestros gritos se sumaron risas fantasmales que agregaron pánico a esa experiencia descontrolada. De pronto sonó el timbre de la puerta trasera. El chofer fantasma redujo la velocidad, la puerta trasera se abrió y se cerró en segundos para volver a tomar carrera rápidamente.

Los cuatro, impávidos sin saber que hacer, veíamos caer la tarde en nuestro viaje misterioso a ninguna parte.

La velocidad impedía que pudiéramos pararnos.

Carlos comenzó a arrastrarse por el piso mientras se sujetaba de los asientos y tomando a Tavo del brazo lo obligó a tirarse al piso hacia la puerta trasera. De repente, escuchamos nuevamente el timbre de la puerta trasera, era nuestra oportunidad de escapar.

Carlos ya estaba con Tavo junto a la puerta. El colectivo redujo la velocidad, frenó y la puerta se abrió. Carlos y Tavo se arrojaron del colectivo. El Facha y yo no llegamos a tiempo ya que la puerta volvió a cerrarse en segundos.

Carlos y Tavo que estaban a salvo, nos miraban espantados desde el playón. Y nosotros continuamos nuestro viaje estirados en el piso junto a la puerta trasera, entre las carcajadas de los espectros que nos acompañaban, con la esperanza de que alguno tocara el ansiado timbre.

La noche se acercaba. Mientras tanto, Carlos Y Tavo arrastraron un par de cubiertas para depositarlas en medio de esa pista macabra con la intención de detener al interno 66. Pero el fantasma maniobró esquivando el obstáculo con destreza mientras lanzaba una carcajada que resonó como un tambor.

Pensé que jamás podríamos abandonar esa máquina siniestra ya que el timbre no volvió a sonar.

Carlos seguía tramando la manera de detener al colectivo. Entonces, se paró a un costado y estiró el brazo. El chofer detuvo su marcha y abrió la puerta delantera para permitir su ingreso. Pero Carlos no subió. El chofer , entonces, volvió a acelerar en loca carrera.

Con el Facha nos arrastramos hacia la puerta delantera y esperamos. Nuevamente Carlos estiró el brazo en un nuevo intento por detener la alocada marcha. El chofer frenó y abrió la puerta delantera. Ahí nos abalanzamos y nos arrojamos rápidamente.

Estábamos a salvo. Un poco magullados, pero vivos. Salimos corriendo, trepamos la reja del portón y llegamos a la calle. Cuando miramos hacía atrás. El interno 66 de la línea 106 estaba estacionado en el lugar de siempre.

FIN

jueves, 1 de septiembre de 2011

Los Alfaques. 33 años de apariciones fantasmales tras la muerte de 216 personas.

Las apariciones espectrales en las carreteras no siempre forman parte de una leyenda.

Existen lugares donde la realidad supera la ficción.

Las carreteras en demasiadas ocasiones forman parte de las historias de terror y las leyendas como lugares donde los fantasmas se aparecen a conductores que transitan por un determinado lugar a altas horas de la noche.

Son muchas las leyendas que existen en cuanto a este tipo de apariciones espectrales, la más conocida es sin duda la de la chica de la curva, además el cine también se a interesado por buscar este tipo de escenarios para recrear esas leyendas y plasmarlas en la gran pantalla, pero sin emabrgo no todo son leyendas ni películas cinematográficas, existen lugares donde un determinado tramo de carretera muestra a sus transitantes la parte más real de alguna de esas historias de terror, propiando apariciones de figuras extrañas que parecen deambular por el lugar ajenas al entorno que les rodea.

En los Alfaques, cerca de Tarragona, hace casi 30 años ocurrió una gran tragedia donde más de un centenar de personas perdieron la vida y como suele ocurrir en algunos de esos lugares donde la muerte violenta deja su huella, años después esa barbarie parece manifestarse para recordar a las personas que pasan por el lugar que un día hubo gente ahí, viviendo sus últimos instantes de vida y que a día de hoy se puede observar una especie de reproducción espectral de esos últimos momentos de existencia que tubieron dentro del mundo de los vivos.

Mas de 100 personas mueren de forma instantanea en el momento de la explosión, según algunos expertos esta podría ser la causa de los 28 años de apariciones.

El 11 de Julio de 1.978 un camión cisterna cargado con 25 toneladas de Propileno líquido, circulaba por la actual N-340 superando su carga en algo más de 5 toneladas, según lo permitido para ese tipo de camión cisterna.

Además según las investigaciones posteriores, dicho camión no cumplía las normas de seguridad en la cisterna, ya que no disponía de ningún sistema que expulsase la presión acumulada sobrante.

Ese día las 800 personas que residían de forma vacacional en el Camping de los Alfaques, no se podían imaginar ni por un solo instante la tragedia que iba a asolar ese lugar.

A la altura de San Carlos de la Rápita, en Tarragona, el camión debido a un fallo hidráulico en la cisterna, provocó el escape gaseoso del líquido, dando paso a una posterior explosión justo delante del Camping de los Alfaques. Según investigaciones de la Guardia Civil, el radio de expansión llegó hasta los 200 metros aproximadamente, matando de forma instantánea a más de cien personas, además otro centenar murió por consecuencia de esta explosión, la cual conmocionó a todo el país y parte del extranjero, ya que algunas de las personas inscritas en ese camping eran alemanes o franceses entre otras nacionalidades.

Salta la noticia sobre apariciones de forma pública en los medios de comunicación, testigos de excepción: Iker Jimenez y los oyentes de Milenio 3.

Javier Martín Moraleda natural de Zaragoza, llama por teléfono el día 6-09-204 en directo al programa de Iker Jiménez, Milenio 3, que se emite en la cadena Ser, para comentar una experiencia que tuvo el 19 de Agosto del 2003 al pasar delante del camping de los Alfaques.


Esta llamada conmocionó a la audiencia del programa, ya que en esos instantes el presentador Iker Jimenéz estaba hablando de ese trágico suceso que asoló al pueblo de Tarragona ese 11 de Julio de 1978 y de las posteriores leyendas que fueron surgiendo a raíz de este trágico suceso.

Javier Martín circulaba sobre las dos de la mañana por una larga recta de poca visibilidad, al observar que circulaba sin vehículos en las proximidades, encendió las luces largas para visionar mejor la calzada, fue entonces cuando pudo observar a siete u ocho personas al otro lado de la carretera, invadiendo incluso el carril y separados entre si por una distancia aproximada de dos metros.

Según el testigo había niños, adultos y personas ancianas, pero todos parecían estar quietos y con la mirada fija, unos mirando la carretera y otros la inmensa llanura que queda al lado opuesto de la calzada, aquello sorprendió mucho a Javier Martín, quien se fue aproximando con su vehículo y justo al llegar a su altura de estas personas se percató de algo insólito, aquella gente iba vestida con ropa veraniega, algunos incluso llevaban en su cabeza las típicas gorras de sol, aunque hubo algo que extrañó aun más si cabe a este conductor, fue sin duda que aquellas extrañas personas se mostraban indiferentes al paso del coche, a su entorno y además estaban allí completamente a oscuras en una carretera de poca visibilidad sin tener ni una sola linterna, era según Javier, como si para esa gente no existiera todo lo que estaba a su alrededor.

Al pasar a este grupo de extraños personajes, Javier despertó a su mujer que dormía en el coche y esta le contó que estaban por el camping de los Alfaques, donde hace algunos años murió mucha gente quemada y se vivió una auténtica tragedia.

Javier Martín reconoció públicamente que después de escuchar el relato de su mujer, pasó el miedo más intenso de toda su vida.

Algunas personas creyeron que todo esto fue un montaje por parte del programa de la Cadena SER, para ganar audiencia, pero casi 3 años después siguen apareciendo testimonios que parecen indicar todo lo contrario.

En un primer momento saltó la alarma de la incredulidad ya que se pensó en un montaje por parte de Milenio 3 para ganar audiencia con este caso, pero lo cierto es que casi tres años después hemos podido recopilar multitud de testimonios que aseguran haberse topado con estas extrañas personas deambulando por esa carretera o testigos que dicen haber presenciado sombras humanas en el lugar.

También hay quien da fe de que allí se registran numerosas psicofonías durante la noche o incluso decenas de personas que hablan de gente con el rostro quemado que parece pasear por esa carretera sin rumbo fijo.

Los primeros testimonios datan de 1.980, dos años después de la tragedia, fecha en que comienzan este tipo de apariciones según los testimonios recopilados hasta el momento, ya que en esos dos años anteriores parece no existir ningún testigo que asegure haber presenciado sucesos de este tipo en las rodalias del camping de los Alfaques, cosa que podría incluso avalar la teoría que algunos expertos en este tipo de sucesos plantean diciendo que del momento de la muerte trágica hasta que comienzan a desencadenarse los fenómenos paranormales, pasa un espacio de tiempo considerable de varios meses o años.

Otra de las teorías que existen con respecto a este tipo de fenómenos es la que plantea la posibilidad de que una muerte repentina puede dejar al espíritu de la persona fallecida completamente confundida ya que al haber sido todo tan rápido no se a percatado de su propia muerte y no comprende que está ocurriendo en su entorno, lo que podría llegar a explicar este tipo de conductas por parte de estos supuestos espectros que parecen vagar por los lugares donde la masacre o la barbarie estuvo presente.

Tres compañeros sufren anomalías en los aparatos de registro y presencian durante una investigación varias presencias que se esfuman delante de sus propios ojos.

Juan José Rubio, junto con sus compañeros Pedro Gómez y Miguel Delgado acudieron durante varios fines de semana a esta N-340 a la altura del camping los Alfaques en busca de obtener respuestas sobre los extraños sucesos que venían repitiéndose en el lugar.

La última vez que estuvieron fue el Lunes 18 de Septiembre, pasaron allí desde la una de la madrugada hasta las cinco aproximadamente, según Juanjo esa noche fueron testigos de lo insólito en dos ocasiones, la primera fue cuando pasaban con el coche a unos 800 metros del camping dirección Tarragona y pudieron observar como varias personas permanecían en el arcén de la carretera y ante sus propios ojos desaparecían segundos después.

Una vez en el sitio y después de buscar un lugar estratégico para acomodarse a un lado de la carretera, comenzaron a realizar sesiones psicofónicas y grabaciones de vídeo mientras Miguel se encargaba de realizar algunas fotografías del lugar.

Todo transcurría con aparente normalidad aunque según las palabras de Juanjo, los tres sentían la sensación de estar acompañados, "algo muy común en los lugares donde suceden este tipo de apariciones" sobre las tres de la mañana ocurrió algo que dejó a los tres compañeros completamente asombrados y por lo cual posteriormente decidieron ponerse en contacto conmigo para contarme sus experiencias en el lugar, lo que desencadenó posteriormente en la realización exhaustiva de esta investigación documental.

A las tres de la mañana todos los aparatos "cámara de vídeo, cámara de fotografías y las dos grabadoras de audio" dejaron de funcionar a la vez, pilas y baterías se había descargado de forma simultanea, cosa que en un primer momento achacaron al desgaste de las mismas debido al uso, aunque les sorprendía que se hubieran producido en el mismo instante, no le dieron mayor importancia y decidieron cambiar las pilas y la batería de la videocamara, fue entonces cuando se toparon con lo absurdo, ninguna de las pilas de recambio, ni la batería que llevaban funcionaba.

Aquello sorprendió a este grupo de investigadores que posteriormente se puso en contacto conmigo por que aquel sucedo parecía tener relación con las anomalías que sucedían con este tipo de aparatos en una de las investigaciones que estaba realizando.

Las leyendas urbanas, también empiezan a cobrar fuerza en esta historia donde se mezcla con la masacre, el sufrimiento y las apariciones.

La ruta Valencia-Tarragona le había sido encargara a Fernando, quien debía transportar material líquido peligroso, aun así decidió llevarse a su mujer y su hija en el camión cisterna, para hacer más ameno el viaje. Era media noche cuando transitaba por la provincia de Tarragona y algo le sorprendió en la noche, a ambos lados de la carretera se encontraban varios niños vestidos de playa con el bañador, las camisetas de tirantes e incluso algunos de ellos con cubitos y palas.

Estos niños parecían asustarse del camión y salían despavoridos a esconderse, por lo cual Fernando despertó a Carmen, su mujer, para decirle lo que estaba sucediendo "Carmen, que estarán tramando esos niños que se esconden" Por la mañana fueron a desayunar a la cafetería del Hostal y contaron aquella anécdota al camarero quien le dijo a la pareja que señalaran en un mapa el lugar exacto donde estaban los niños. Justo al lado del dedo de Fermando había un símbolo pintado en el mapa que indicaba que allí había un camping, el camarero fue a su casa y a los pocos minutos apareció con un recorte antiguo de periódico "tragedia en la camping los Alfaques, 216 personas muertas al explotar un camión cisterna que transportaba materiales peligrosos" La historia de este camionero valenciano está considerada para muchos como una leyenda urbana, cierto o no, la realidad como en muchos otros casos supera a la ficción, la prueba en este caso son las apariciones que están presentes después de 33 años, teniendo como últimos testigos a tres investigadores de lo desconocido, Juanjo Rubio, Pedro Gomez y Miguel Delgado, quienes esa madrugada de Septiembre se enfrentaron cara a cara con lo desconocido.

En la actualidad el camping funciona perfectamente, es un lugar además muy concurrido, quizás por eso algunos de los testigos de estos últimos años sean personas que han pasado allí algunos días viviendo en esa zona donde la impregnación parece dejar una vez más su huella.

FUENTE: www.leyendasurbanasblog.blogspot.com

Saludos
Vicky Noticias